¿Qué tal? Siempre me cuesta empezar estas cosas…, porque claro, ¿cómo saludar, en un primer post, a esta gente que en este momento no existe? Vamos de nuevo: ¡Hola futuro lector/a! Bienvenido a mi espacio childish para reflexionar acerca de la niñez, de las películas que nos influyeron a todos de pequeños, y otras cosas un poco más profundas (o tal vez no).
Tuve la idea de hacer este blog porque realmente me siento abrumada. Sí, esa es la palabra, es como si estuviera en un estado constante de ojos abiertos como platos, mirando sorprendida este objeto de fascinación del que ahora voy a hablarles. Pero primero lo primero, que educación la mía… mi nombre es Amelia Tinker, y soy la niña interior de la mujer que escribe por mí. Hace mucho tiempo yo estaba escondida en lugares aburridos, en esa parte del cerebro que la medicina todavía no logró descifrar, en el fondo del cajón donde están los recibos de hace cinco años….en fin, estaba por ahí, entre las sombras. Se imaginarán que para una pequeña como yo, esa situación era totalmente deprimente, así que decidí echarme a dormir hasta nuevo aviso.
¡Y ese nuevo aviso llegó! Fue una madrugada, primero me desperté malhumorada, ¿a quién se le ocurre…? Pero cuando me di cuenta de lo que estaba pasando me levanté de un salto. Había una pequeña hendija por la cual cabía apenas, pero pude pasar, ya que cuanto menos atención nos ponen a las niñas interiores, nos vamos encogiendo. Pero nada me iba a impedir salir. ¡Lo logré! Y aquí estoy.
Tal vez no entiendan qué pasó, pero es un fenómeno que sucede muchas veces y pasa inadvertido. Todos los niños y niñas interiores salimos en algún momento, algunos nos quedamos más tiempo y nos hacemos cada vez más grandes, pero otros no pueden con el adulto actual y se rinden para encogerse nuevamente. Eso sí que no, a mí no me va a pasar. Mi adulta exterior me liberó cuando, haciendo zapping una noche, paró en seco cuando se encontró con una película muy querida y recordada por ella, “El Rey Arturo”: dibujos animados, el mago Merlin, gente que se transformaba en animales y el triunfo de un pequeño flacuchon ante malvados fortachones. El poder de las imágenes, y sobre todo de las canciones, es inmenso.
Pero retomando el por qué del blog, antes había dicho que me sentía abrumada. Haber vuelto es fantástico, y con esa palabra describo todo. Me las arreglé para traer nuevamente sensaciones olvidadas, la capacidad de reír de ciertas cosas que ya no causaban nada de gracia, y muchas maravillas más que les iré contando.
Interrupción de la adulta: Para hacerla corta, escribe este blog para compartir con ustedes las cosas que ve y percibe de todos lados.
Exacto, gracias, no podría haberlo dicho mejor (o sí..)
Tuve la idea de hacer este blog porque realmente me siento abrumada. Sí, esa es la palabra, es como si estuviera en un estado constante de ojos abiertos como platos, mirando sorprendida este objeto de fascinación del que ahora voy a hablarles. Pero primero lo primero, que educación la mía… mi nombre es Amelia Tinker, y soy la niña interior de la mujer que escribe por mí. Hace mucho tiempo yo estaba escondida en lugares aburridos, en esa parte del cerebro que la medicina todavía no logró descifrar, en el fondo del cajón donde están los recibos de hace cinco años….en fin, estaba por ahí, entre las sombras. Se imaginarán que para una pequeña como yo, esa situación era totalmente deprimente, así que decidí echarme a dormir hasta nuevo aviso.
¡Y ese nuevo aviso llegó! Fue una madrugada, primero me desperté malhumorada, ¿a quién se le ocurre…? Pero cuando me di cuenta de lo que estaba pasando me levanté de un salto. Había una pequeña hendija por la cual cabía apenas, pero pude pasar, ya que cuanto menos atención nos ponen a las niñas interiores, nos vamos encogiendo. Pero nada me iba a impedir salir. ¡Lo logré! Y aquí estoy.
Tal vez no entiendan qué pasó, pero es un fenómeno que sucede muchas veces y pasa inadvertido. Todos los niños y niñas interiores salimos en algún momento, algunos nos quedamos más tiempo y nos hacemos cada vez más grandes, pero otros no pueden con el adulto actual y se rinden para encogerse nuevamente. Eso sí que no, a mí no me va a pasar. Mi adulta exterior me liberó cuando, haciendo zapping una noche, paró en seco cuando se encontró con una película muy querida y recordada por ella, “El Rey Arturo”: dibujos animados, el mago Merlin, gente que se transformaba en animales y el triunfo de un pequeño flacuchon ante malvados fortachones. El poder de las imágenes, y sobre todo de las canciones, es inmenso.
Pero retomando el por qué del blog, antes había dicho que me sentía abrumada. Haber vuelto es fantástico, y con esa palabra describo todo. Me las arreglé para traer nuevamente sensaciones olvidadas, la capacidad de reír de ciertas cosas que ya no causaban nada de gracia, y muchas maravillas más que les iré contando.
Interrupción de la adulta: Para hacerla corta, escribe este blog para compartir con ustedes las cosas que ve y percibe de todos lados.
Exacto, gracias, no podría haberlo dicho mejor (o sí..)
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